TRAGEDIA DEL HUMO, “El mayor Accidente minero del mundo”.

TRAGEDIA DEL HUMO, “El mayor Accidente minero del mundo”.

junio 19, 2018 0 Por CAO Ltda.

 MINA EL TENIENTE SEWELL (Chile)

19 DE JUNIO DE 1945

 

“La Tragedia del Humo, 73 años del mayor accidente minero del mundo, durante tres días los hombres trabajaron sin descanso, pero lamentablemente los esfuerzos fueron infructuosos: 355 mineros yacían sin vida y otros 747 estaban heridos.”

Muchos años han pasado de un hito importante en la legislación laboral chilena, y es que después de la ‘Tragedia del Humo’ cambió por completo, introduciendo importantes cambios y mejoras sustanciales en el nivel de higiene industrial y la prevención de riesgos.

Todo empezó una mañana alrededor de las 06:30 AM de un martes 19 de junio de 1945, el frío calaba hondo en los cerca de mil mineros que hace algunas horas habían comenzado sus turnos en los piques subterráneos de El Teniente.

Todo presagiaba un turno normal, pero el azar del destino media hora después dijo lo contrario, cuando una explosión se oyó a lo lejos. Un incendio se había desatado al interior de una bodega de materiales, junto al pique “Teniente C”. Las llamas se propagaron a unos tambores de petróleo que estallaron con facilidad. A continuación, gruesas columnas de humo empezaron a avanzar por los túneles. Los mineros que se encontraban más cerca del siniestro, lograron escapar entre el humo y el fuego. El resto buscó refugio en los pasillos de seguridad construidos en las galerías o al fondo de los piques.

En ese momento se dio la alarma, pero ya era demasiado tarde, el denso humo se había propagado y los sistemas de ventilación no funcionaron. Una nube densa impedía la visión y el escape de los cientos de mineros que realizaban sus funciones diarias. Además las salidas de emergencia no estaban correctamente señalizadas, lo que resultó decisivo en las proporciones de la tragedia. Alrededor de las 20:00 horas el fuego pudo ser controlado, pero el humo inundaba todo y los rescatistas tuvieron que esperar hasta el mediodía del 20 de junio para entrar a los túneles. Afuera, la voz se corrió rápidamente y casi todos los habitantes de Sewell, el campamento modelo enclavado en la montaña, se habían reunido angustiados, solicitando detalles del siniestro y esperando ver con vida a sus familiares.

 

La “Tragedia del Humo”

El Humo fue uno de los accidentes más graves ocurridos en Sewell. La tragedia se ocasionó por un incendió en la fragua de un taller subterráneo utilizado para la manutención de carros metaleros, ubicado en el nivel Teniente 1. El incendio propagó monóxido de carbono por varios túneles del mineral. Los superiores de la superintendencia de la mina dieron aviso para la evacuación de los trabajadores, pero esto no fue suficiente para impedir el desenlace del siniestro. Muchos mineros quedaron atrapados en las jaulas de los piques y sus proximidades; el monóxido de carbono, convertido en una nube de humo, los intoxicó provocándoles desmayos y, luego, la muerte La acción de los voluntarios no fue suficiente para rescatar a los trabajadores que aún seguían con vida, convirtiendo este accidente en el más negro de la historia del mineral. Según las estadísticas, ese día fallecieron 355 trabajadores, que representaban un 30% de los obreros que laboraban en ese turno.
Las víctimas tenían un promedio de 31 años de edad; el 40% era casado, dejando 150 viudas y 420 hijos huérfanos de padre. La ceremonia de los funerales de los mineros, en el cementerio Nº 1, contó con la presencia de 25.000 personas, entre las cuales se encontraba el Presidente de la República, Juan Antonio Ríos.

La “Tragedia del Humo”, nombre por el cual se conoce el incendio, es la peor catástrofe que se conoce en una mina metalífera en el mundo. Las investigaciones policiales y jurídicas concluyeron que la compañía Braden Copper Company no tenía participación en el suceso, pero la gravedad del siniestro marcó la realidad nacional, ocasionando reformas en la legislación social chilena. Esto llevó a que se implementaran grandes pagos de indemnizaciones, cambios en la ley de accidentes del trabajo y del Código de la Minería.
Al interior de la Braden Copper Company el accidente también significó fuertes cambios: se formó el Departamento de Seguridad e Higiene Industrial; el Departamento Legal; el Departamento de Relaciones Públicas, y el Departamento de Entrenamiento Industrial. Además, se realizaron estudios de todas las operaciones de trabajo al interior de la mina, de los conductos de ventilación, y se estableció el uso obligatorio de elementos de protección personal.

Inicio del incendio

El 19 de Junio de 1945 se produjo el accidente mas grave que ha ocurrido en El Teniente. Fue denominado El Humo, y terminó con la vida de 355 hombres, lo que significó el deceso de un 30% de los obreros del turno A.
Desde el inicio del incendio hasta que fue apagado transcurrieron 10 horas, en las cuales se esparció por todo el yacimiento una capa de humo formado por hollín o carbón, hidrocarburos y monóxido de carbono.

El incendio comenzó a las 7:30 horas en la fragua del taller mecánico, ubicada en la boca de un socavón, afuera de la mina. La fragua de El Teniente se encendía todas las mañanas. El día del accidente ésta fue encendida, tal como se hacia habitualmente, con la diferencia que se esta vez se calentó combustible para aceitar unos carros. Producto del congelamiento de la capa superior del aceite, éste llegó hasta la ebullición y luego explotó, incendiando el rubberoil y la enmaderación.

Una vez comenzado, el incendio no pudo apagarse porque no existían llaves de agua entre el pozo de las locomotoras y la fragua. Media hora después del comienzo del incendio, se produjo una explosión ocasionada porque la “combustión de rubberoil desprendió abundante monóxido de carbono, que al saturar un lugar cerrado y ubicado al borde de una boca mina, empujó los tapados hacia fuera, desatando una violenta corriente de aire. La entrada de oxígeno generó un espiral en forma de L con la chimenea principal de la mina, cundiendo el fuego y propagando el humo mortalmente. Además ella provocó la expulsión de la puerta contra incendios y la rápida invasión del gas tóxico en el interior de la mina”.
Una vez recibido el anuncio del incendio en la mina, la Braden Copper comenzó a tomar medidas para salvar a los obreros. Estas órdenes fueron evacuar a los trabajadores del yacimiento, apagar el sistema de ventilación para que el humo no se propagara, y cerrar puertas de seguridad para controlar el incendio. Lamentablemente, la sustancia toxica invadió todo el yacimiento, incluyendo las jaulas donde estaban los ascensores y las escaleras que tenían los piques.

El escape de los obreros fue lento; muchos no creyeron en la situación de peligro, y otros, que obedecieron las órdenes, no conocían las vías de evacuación por lo que no pudieron huir. Entonces, fueron rodeados por el humo, que mataba inmediatamente a los hombres que lo aspiraban. Al ser invadidas las jaulas con gas tóxico, los jauleros tuvieron que dejar su puesto de trabajo porque no tenían máscaras de oxigeno, eliminando este sistema como vía de escape. El humo aprovechó además los canales de ventilación para dispersarse, bajó por el antiguo pique 1 invadiendo toda la parte inferior de la mina, utilizando los demás piques como conductos. Esto ocurrió 43 minutos después de producirse el incendio, en tanto que las órdenes de evacuación fueron dadas recién 45 minutos después su inicio. Esto quiere decir que las medidas de rescate fueron más lentas que la acción del gas mortífero.

 

Rescate

Antes de que el humo cesara, entró al mineral la Cuadrilla de Rescate que estaba compuesta por hombres entrenados que poseían mascaras de oxigeno. Para apagar el incendio se utilizaron mangueras con agua, siendo controlado recién a las 19:45. El siniestro no afectó a todo el mineral; se expandió solo en la fragua, en los talleres mecánicos y eléctricos, y en el postal de El Teniente 1.

Luego de apagado el incendio, se procedió al rescate de los sobrevivientes y al traslado de los obreros fallecidos al exterior de la mina.
Una vez “controlado el siniestro, al caer la tarde, de inmediato aumentó la labor general de rescate que se prolongó toda la noche. La orden fue registrar cada rincón para encontrar a todos los que estuvieran aislados y llegar a tiempo para reanimar a los que estaban inconscientes. Pero como había que ir con cuidado, sólo jefes y empleados que conocían bien el interior de la mina y entrenaban en recate, ingresaron provistos de mascaras de oxígeno”.

En la medida que el humo se fue retirando aumentaron los esfuerzos, ya que en un inicio entraron al mineral únicamente grupos autorizados. Sólo cuando se comprobó que no quedaba monóxido de carbono se permitió la entrada a grupos de voluntarios para buscar a las victimas. En el rescate participaron el cuerpo de bomberos y de carabineros. Los cuerpos fueron trasladados desde El Teniente 5 al exterior del yacimiento por camilleros. El personal del hospital también acudió al lugar del siniestro, trasladándose tres médicos, tres practicantes, tres auxiliares y el equipo de primeros auxilios. Ellos se dividieron en dos grupos, ubicándose en Punta de Riles y Compresoras para atender a los sobrevivientes y reconocer a los obreros fallecidos.
En el sector de las Compresoras, las víctimas eran reanimadas para ser trasladadas a Punta de
Rieles, donde recibían nuevamente atención médica. Después eran trasladadas al hospital de Sewell, que llegó a atender a 81 trabajadores que presentaban, en su mayoría síntomas de intoxicación.

Identificación y funerales

Los muertos fueron trasladados a la morgue del campamento y, cuando superaron la centena, fueron llevados a la Escuela Vocacional. Una vez allí, comenzaron las labores de reconocimiento e identificación. Al llegar, los cuerpos eran ubicados con una tarjeta blanca que exhibía el número de ingreso y, posteriormente, el nombre del obrero. Después de ser identificado, el cadáver era trasladado a una sala, en la cual era aseado, vestido y puesto en una urna con su número de registro.

Luego, el ataúd era trasladado a Rancagua acompañado de sus deudos, para ser enterrado en el cementerio de la ciudad.

El primer funeral de los trabajadores fue efectuado el miércoles 20 de junio, y contó con la presencia del presidente Juan Antonio Ríos. “El primer mandatario y autoridades encabezaron la columna fúnebre, seguidos de la banda Militar que rendía honores, y de los ataúdes, que avanzaron rodeados del público y lamentos” (BAROS, Celia. 2000. Pág. 206). El 21 de junio se realizó el segundo sepelio, en donde se enteraron 125 obreros. Finalmente, el 22 de junio fue el último funeral, en que se enterraron 149 trabajadores.

Las victimas fatales de la tragedia de El Teniente fueron enterradas en el Cementerio N° 1 y en el Cementerio N° 2. Cada tumba fue adornada con una lápida y una cruz blanca, y frente a ellas se hizo un gran muro con placas de bronce donde fueron escritos los nombres de los obreros. La Braden Copper declaró tres días de duelo, paralizando las faenas durante el rescate y las siguientes tres jornadas, para retomar el trabajo el sábado de la misma semana.

TRAGEDIA DEL HUMO

El suceso más importante que ocurrió durante toda la historia de Sewell fue la Tragedia del Humo, suceso que ocurrió el 19 de junio de 1945 y que cobró la vida de 365 obreros, marcando a varias generaciones, y cambiando trascendentalmente las políticas de la Braden. El campamento nunca volver a ser lo mismo luego de esta tragedia, que conmovió al país y al mundo, impulsando campañas de solidaridad y ayuda para las familias de los obreros muertos.

El recuerdo de esta catástrofe todavía sigue vivo en los sewellinos, constituyendo el punto más sensible y doloroso de la vida en el mineral. A continuación, Rosa Ubilla relata cómo fue el desarrollo del Humo en el campamento: “… Cuando fue la catástrofe del Humo, que fue el 19 de junio de 1945, nosotros estábamos durmiendo y mi mamá nos despertó a todas nuestras hermanas y dijo, a levantarse porque fíjese que han pasado ocho camillas, y nos levantamos y ya no eran ocho. Después eran dieciocho, después eran ochenta, después eran cien, después eran 200, después eran trescientas. Eso también me dejó marcada porque despareció un nivel entero, con un jefe de nombre Ramón Torres y no lo ubicaban. Y este jefe con sus cincuenta o sesenta trabajadores en vez de salir a encontrase con el Humo, le hizo el quite al Humo. Siguió, siguió con su gente y apareció en una parte en las puertas del cerro, y ya era puro cerro y la abrieron y ahí se salvaron…

Hay una parte que dice “los huesos de los muertos pesan más que la carne de los vivos”, y es por eso que después de la catástrofe del Humo, la jefatura se dedicó a poner más ventiladores, poner mascarillas, ventilado total. Si fue que se asfixiaron, no se quemaron. Fue una asfixia que hubo y quiere que le diga una cosa, ese humo era de color amarillo…porque los bigotes de los hombres, los vellos de las fosas nasales y el pelo estaba ligeramente amarillo.

Entonces, después, se arregló mucho la cosa, tomaron muchas medidas de seguridad, hubo un contrato para pura gente egresada de la escuela de mina que había hecho cursos de seguridad, como atender a un recién asfixiado…cambió todo porque fueron 365 vidas y están enterradas aquí en el Cementerio N° 2. Y yo a Dios gracias, no perdí a mi papá, pero voy todos los años a la Romería…

Como éramos cabras ya contábamos las camillas, van cien, van doscientas, van trescientas… nevó cualquier día y el 19 de junio justo dejó de nevar y vino un viento blanco y la gente en las esquinas arrebozadas con frazadas, con charlones, eran llantos, eran gritos y también eran alharidos…”
Luego de la tragedia, “se hizo una colecta nacional e internacional, entonces ahí se juntó mucha plata, mandaron los países de afuera plata…fue muchísima plata con que se compraron los terrenos…de la calle Freire que es una avenida ahora, hasta donde está el terminal ahora, de ahí eran los terrenos de largo de la Alameda y del ancho de la población Alameda a una población que se llama población O´Higgins. Todos esos terrenos los compraron con el fin de hacerles casas a las señoras viudas con sus hijos y resultó que les empezaron a vender los terrenos y les hicieron unas casas pariadas chicas, sin antejardín, con un buen pedazo de sitio hacia adentro, pero no como tenía que haber sido. Era para haberles hecho una tremenda casa con antejardín y entrada de auto…”

Lamentablemente, “la empresa les pagó una miseria, no me acuerdo si eran 1.100 o 1.200 pesos, que recibían mensual las viudas. Entonces una miseria. La gente todos nosotros sufrimos harto y mucho. Los mayores nos quedamos sin educación por lo mismo, tendrían que haber ayudado a la gente, a los hijos, por lo menos a los mayores a educarse, cosa que no hicieron”.